Autor: Carlos Berlocq
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Blog desde: Buenos Aires
   
 
Febrero 17, 2008

© ATP
¡¡¡Hola a todos!!

Acá los saludos desde Buenos Aires, donde estaré a cargo del blog de ATP en Español. Espero que les guste y puedan conocer más de mí...

Me estoy preparando para mi debut de mañana, en la cancha central, contra el checo Jiri Vanek. Ya estamos pensando el partido con mis entrenadores, Fabián Blengino y Diego Moyano. En la tribuna, como siempre, tendré el apoyo de mi esposa, Noel.

A Noe la conocí aquí mismo, en el Buenos Aires Lawn Tennis Club, hace seis años. Yo había perdido en la clasificación de un challenger, estaba hablando con unos amigos; ella pasó, la vi y la perseguí. Empece´a hablar y le pedí el número de teléfono. Recuerdo que yo tenía una agenda electrónica antigua… Empezamos a salir y recién nos pusimos de novios a los siete meses.

A veces me preguntan cómo es la vida de un tenista en matrimonio. El asunto es que fueron cuatro años y medio de novios; la convivencia a partir del año y medio… El casamiento no nos cambió en nada, lo fundamental era el paso de la convivencia. Alquilamos un departamento en la Ciudad de Buenos Aires, y eso sirvió porque antes vivíamos en el sur de la Ciudad, y se me dificultaba a mí porque para entrenar debía tomar tren, subte y colectivo. Demoraba dos horas… Ahora tenemos todo más cerca y ella se le facilita el viaje hacia la Universidad.

Recuerdo los preparativos para el día que le pedí matrimonio. Nunca me había puesto un traje y se lo tomé prestado al padre de ella… Reservé un lindo restaurante en la zona de Puerto Madero, coordiné para que pusieran la canción de Celine Dion que a ella le gustaba y le llevé el anillo… Ella no entendía nada, jaja.

En 2005, cuando gané tres challengers y terminé 75° del mundo, Noe comenzó a viajar conmigo. Se me complicaba mucho viajar sin ella, y tomé la decisión de que me acompañe y no mi entrenador de ese momento, Jorge Gerosi, por un asunto de gastos. El me apoyó en la decisión.

Cuando no viajaba con ella, me costaba mucho pensar que estaría cinco semanas afuera, volvería una y viajaría otras cinco. Influía en lo psicológico, yo sentía que no estaba disfrutando del tenis. La extrañaba mucho y lo veía todo muy difícil. Cuando empezamos a viajar juntos, disfrutaba más todo. Es bueno tener un equilibrio entre lo tenístico y la cabeza; en mí es muy importante estar bien psicológicamente. Si ella está lejos, no voy a estar bien mentalmente, aunque sea un profesional y siempre trate de dar lo mejor.

En la tribuna, ella acompaña mis momentos. A veces la veo más tranquila, otra más tensa. Con su expresión, me doy cuenta. No la veo como mi esposa en ese momento, sino como parte de mi equipo, o mi hincha oficial. En los momentos de nervios, me pide que ataque, que vaya para adelante. Confío en lo que dice. Ella juega al tenis en forma amateur, pero viajó mucho, está constantemente en contacto con los entrenadores y entiende del deporte.

Una de las cosas que ella me enseñó es a manejar mejor la derrotas. Yo me ponía muy mal cuando perdía, terminaba un partido y no quería hablar, o me escapaba, quería estar solo haciéndome mala sangre. Ahora lo veo diferente, hay cosas más importantes que un partido de tenis. Es un trabajo, quiero ganar, pero ya no es como antes, cuando ella a veces no quería hablarme, porque no le contestaba. Ahora, si bien me pongo triste cuando pierdo, estoy tranquilo, me ducho rápido para sacarme todo y pienso en lo bueno.

El año pasado, en Stuttgart, perdí con Feliciano López después de tener varios match points. Me desencontré con mi mujer porque ella no me encontró en el gimnasio del club, y cuando llegué al hotel me esperaba enojada, porque pensó que yo había querido estar solo de nuevo, que había vuelto a los viejos hábitos. Yo también estaba enojado porque creí que ella no me había esperado, ¡¡pero al final era todo una confusión!! Jajaja.

A mí me gusta sorprenderla cuando puedo, pero al estar todo el tiempo juntos se hace difícil. Para mi casamiento, hice un preparativo que duró meses, y llegué disfrazado como mariachi. Antes había preparado la canción, entrené un rato, y llegué disfrazado y nadie me reconoció. Eramos diez mariachis y me largué a cantar “Contigo aprendí”.

Al final, se dieron cuenta de que era yo porque en el medio de la canción se me cayó el bigote falso… Ah, y no me pidan que cante la canción ahora…

Bueno, espero que les haya gustado. Nos vemos mañana. ¡Alienten por mí!

Charly

 
 
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